La cacería "Un regalo caro" El Chapo o el Mayo, el regalo prometido para Calderón

El Chapo o el Mayo, el regalo prometido para Calderón.

Un general con fama de incorruptible escala las más altas cumbres de la sierra que conforman el Triángulo Dorado, al mando de una unidad élite del Ejército, en una de las últimas cacerías emprendidas por el gobierno de Felipe Calderón que pretende un trofeo antes de que concluya su sexenio fallido en la lucha antinarco: la captura del Chapo o el Mayo, los dos líderes del cártel de Sinaloa y, se dice, los más buscados del mundo.

La noche del 22 de julio pasado, un grupo de militares pertenecientes a las Fuerzas Especiales del Ejército penetró en la vigilada región del Valle de San Lorenzo, dominada por el cártel de Sinaloa, y se enfrentó contra un comando de sicarios a la entrada del ejido El Melón, sindicatura de Quilá.

Los saldos de la refriega reportados esa noche fueron dos presuntos sicarios abatidos y otro más detenido con armas y granadas, que más tarde fue puesto a disposición de la Procuraduría General de la República.

Los elementos también aseguraron dos vehículos, al menos de manera oficial: una camioneta Chevrolet color negra, con placas TZ-04924, la cual contaba con reporte de robo; y un automóvil Mercedes Benz color tinto, con blindaje especial, placas de circulación MXD-540 del Estado de México.

La primera unidad quedó volcada, con el cuerpo de uno de los pistoleros a un costado, mientras que el vehículo blindado quedó en medio de una carretera. Aparentemente los ocupantes la dejaron y se fueron por otros medios. En el interior había dos fusiles AK-47 y un AR-15. La huída había sido intempestiva.

Más tarde, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) identificó los cadáveres como los de Santiago Ibarra Zamudio, de 42 años, originario de Gómez Palacio, Durango, y con domicilio en la ciudad de Guamúchil. El segundo era Magdaleno Madriles Santos de 40 años, con domicilio en La Cruz de Elota.

En el operativo militar fue detenido Alejandro Mariscal Millán, quien fue consignado por el Ministerio Público federal al Juzgado Cuarto de Distrito de Culiacán.

Los delitos que le imputaron fueron los de violación a la Ley Federal de Armas y Explosivos, en las modalidades de portación de armas de fuego y artefactos bélicos (granada) del uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea.

También fue consignado por el delito de homicidio en grado de tentativa contra elementos del Ejército. Información de la PGR indica que quedó en manos del juez el 24 de julio pasado.

Mariscal Millán y los dos hombres abatidos fueron ubicados por fuentes extraoficiales de la PGR como miembros de una célula que comanda Orso Iván Gastélum, alias el Cholo, sicario de la avanzada de Joaquín el Chapo Guzmán, quien se fugó del penal de Aguaruto en agosto del 2009.

Esa noche, en la batida de El Melón, según indicaron fuentes del Ejército, las Fuerzas Especiales iban por Joaquín Guzmán Loera, uno de los líderes del cártel de Sinaloa, en un operativo de inteligencia que pretendieron silencioso, hasta que los halcones lo descubrieron y los jefes emprendieron la partida de Quilá.

Ni los dos helicópteros Bell 412 y la veintena de camionetas de la milicia, cuyos números, según constató la prensa local, fueron cubiertos con cintas para no ser identificados, pudieron tender las redes para capturar al capo que estuvo presente en la zona.

El grupo de gafes, de acuerdo con informes de mandos de la Novena Zona Militar con sede en Culiacán, venían dirigidos en un operativo desde la Ciudad de México, y algunos de ellos tenían destacamento en la base militar del municipio de Badiraguato.

Fue entonces cuando surgió la versión de que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), había comisionado a un general con fama de incorruptible para llevar a cabo una de las últimas misiones del calderonismo: agarrar al Chapo Guzmán o a Ismael el Mayo Zambada, estableciendo un cerco militar en los puntos de influencia del cártel, sobre todo en el llamado Triángulo Dorado, que abarca la sierra de Sinaloa, Durango y Chihuahua.

Un laberinto para un general

La versión fue confirmada del interior de la Sedena. El general de brigada, Antonio Gurrola Calzada, ha sido descrito por otros generales del Ejército como un militar de limpia trayectoria, honesto a toda prueba y muy inteligente.

Ha tenido una carrera meteórica dentro de la milicia. En 1997 fue ascendido a coronel de infantería y estuvo comisionado en las operaciones especiales del Estado Mayor durante el conflicto en Chiapas. En el 2005 estuvo como jefe de la Guarnición Militar de Matamoros, Tamaulipas. Hasta el 2010, fue comandante de la Cuarta Zona Militar, con sede en Hermosillo, Sonora.

Tiene experiencia en mando de tropa pues fue comandante en varios estados, en el sector del Arma Blindada, cuyos miembros generalmente pertenecen a la Caballería, y que son los expertos de la milicia mexicana en la inspección e investigación de terrenos.

Recientemente ascendido al “olimpo” de los generales de brigada, desde hace meses Gurrola Calzada, con una edad de aproximadamente 60 años, está al frente de un operativo especial en la zona serrana, según indicaron altos mandos de la Sedena. Dicho operativo se centra en dos únicos objetivos: Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García.

De acuerdo con testimonios de comandantes del Ejército, Gurrola tiene una impecable hoja de servicio y está asignado de manera oficial a la Tercera Región Militar, con sede en Mazatlán, y es ubicado como el segundo al mando, después del general de División Diplomado de Estado Mayor, Rubén Serrano Herrera, quien relevó en diciembre pasado al general César Jiménez López.

Fuentes militares consultadas mencionaron que Gurrola tiene bajo su mando a un número importante de elementos de las Fuerzas Especiales y tiene un comando permanente en la base de la cabecera municipal de Badiraguato, dotado de armas, vehículos, aeronaves y tecnología.

De hecho, según mandos de la Novena Zona militar, el grupo de gafes que tomó por asalto la comunidad de El Melón tiene destacamento en este municipio, cuna del narcotráfico en México.

El cerco que mantiene en la zona serrana abarca desde la región natal de Guzmán Loera hasta los entramados rumbos de Cosalá, de acuerdo con las mismas fuentes. Constantemente las fuerzas especiales monitorean esa franja, en donde las poblaciones civiles han denunciado abusos de parte de las fuerzas castrenses en los últimos meses.

Gurrola Calzada, refieren, es un militar muy cercano a los afectos de José Armando Tamayo Casillas, quien fuera jefe del Estado Mayor Presidencial durante el gobierno de Vicente Fox, en cuyo sexenio se fugó el Chapo Guzmán.

También es cercano colaborador del subsecretario de la Defensa Nacional, Carlos Demetrio Gaytán Ochoa, y del Jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, el general Luis Arturo Óliver Cen.

Ambos altos mandos son expertos en temas de narcotráfico, por lo que es posible que sea el motivo por el cual Gurrola Calzada haya sido enviado a seguirle los pasos de los líderes del cártel, que en más de una ocasión han sido señalados de ser beneficiarios de las políticas de seguridad de México y Estados Unidos.

La guerra de Eddy contra el Chapo

No es la primera vez que el Ejército y sus generales lanzan las redes en busca de los jefes del cártel de Sinaloa, en sus propios territorios.

Desde enero del 2006 que arribó el general Rolando Eugenio Hidalgo Eddy, a la Novena Zona, se han implementado fuertes operativos en las colindancias de Badiraguato y Culiacán con Chihuahua y Durango en la búsqueda de los capos, sobre todo del Chapo, que pareciera ser la obsesión de los gobiernos panistas.

Ya para abril, comunidades enteras fueron arrasadas en la frenética cacería que emprendió el general Hidalgo Eddy, que intentaba recapturar al capo oriundo de La Tuna como un trofeo personal.

Una de las primeras reacciones de los narcos contra estos operativos fue el asalto a un cuartel en la empinada sierra duranguense, ocurrido una noche de principios de junio.

Un comando atacó y quemó una base del Ejército en las cercanías de la comunidad de Los Frailes, municipio de Tamazula, aparentemente como represalia ante el cerco militar que tendió el Gobierno a los narcotraficantes de esas zonas.

Todo ocurrió en ese 2006. El 18 de septiembre, a las 22:00 horas, fue arrojado el cuerpo de Enrique Parra, semienvuelto en un plástico negro, a la entrada de la Novena Zona Militar. “Por dedo, Eddy”, decía el mensaje directo al mando general.

También la detención de Luis Albero Cano Zepeda, sobrino del Chapo, en un operativo en Durango, contribuyó a tensar el clima. Según la PGR, Cano se desempeñaba como piloto de un avión que era utilizado para el transporte de droga. Esto ocurrió el 22 de agosto de 2006 en Bastantitas, Tamazula. Fue detenido junto con cuatro colaboradores más cuando aterrizaban en una avioneta tipo Cessna.

Una semana después de que le arrojaron el cuerpo al general Eddy, los altos mandos de la Sedena lo enviaron como agregado militar a Moscú.

Pero el general regresaría a su laberinto el 9 de junio del 2007, con nuevos bríos y con la misma consigna.

La tropa a su cargo fue acusada de cometer las mismas tropelías que un año antes, y el 28 de julio del 2007, un supuesto grupo de agricultores de Tamazula publicaron en el diario El Debate un desplegado señalando las violaciones de los derechos humanos de la población. Se supo entonces que dicho desplegado fue enviado desde la Ciudad de México, vía fax.

El 7 de septiembre, un comando ejecutó al interlocutor entre el Ejército, Gobierno del Estado y los medios, Óscar Rivera Inzunza, y dos días más tarde, en tres puntos de la ciudad, aparecieron restos caninos en bolsas de plástico y coronas fúnebres con amenazas contra Hidalgo Eddy.

Aparecieron en los muros orientales de la Zona Militar, en el bulevar Gabriel Leyva Solano y a un costado del parque Ernesto Millán Escalante. Entre los mensajes intimidatorios estaban: “O te alíneas o te alíneo. Gral. Eddy. O copela o cuello”.

El 30 de noviembre fue relevado de nuevo. Tras la captura de Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo, el 21 de enero de 2008 en Culiacán, el Ejército detuvo a un Ministerio Público militar y a tres efectivos más, señalados por trabajar para el Mochomo.

Uno de ellos, el teniente Luis Lonjitud, había sido escolta de Hidalgo Eddy. Se supo luego que estos militares pasaban puntual información sobre los movimientos del general. Así, el general que se había propuesto culminar su carrera con el Chapo Guzmán de trofeo, terminó siendo infiltrado por el capo hasta en su recámara.

Atrapar al Chapo en tres etapas: Wikileaks

En el cable 3077 desclasificado por WikiLeaks, enviado el 26 de octubre de 2010 al Departamento de Estado por la embajada de México y clasificado como “secreto”, señala que el director de Inteligencia, Dennis Blair, se reunió con el secretario de Defensa, Guillermo Galván Galván.

Dicha reunión ocurrió el 19 de octubre del año pasado, la víspera de un encuentro con el presidente Calderón y miembros del Gabinete de Seguridad.

Entre los temas que destacó Galván fue el papel de los militares en la lucha antinarco, la cooperación del Gobierno de Estados Unidos para el combate al crimen organizado y la ampliación de la colaboración de las agencias en México.

La información que envió la embajada a Estados Unidos, fue que el general estaba interesado en establecer los más altos niveles de cooperación con los gringos.

“Y hacer a su institución (Sedena) responsable de capturar blancos de alto nivel, incluyendo a dos miembros de Los Zetas y al jefe del cártel de Sinaloa, Joaquín el Chapo Guzmán Loera”, dice el documento filtrado por WikiLeaks.

Además habló con el diplomático de una operación especial de tres etapas para capturar a Guzmán Loera:

“Él dijo (Galván) que la Sedena está implementando una operación, la cual consta de tres etapas, específicamente para atrapar al Chapo. La primera etapa, que ellos han concluido, es establecer una fuerza física en el área de sus operaciones para recolectar información de inteligencia”.

“Hizo notar que han encontrado 10 ó 15 lugares por donde él (el Chapo) se mueve, pero que el Chapo comanda una amplia red de apoyo constituida por informantes y que tiene un cinturón de seguridad de hasta 300 hombres que dificultan el lanzamiento de operativos para su captura. La segunda fase consiste en desplazar un círculo de soldados dentro de las áreas donde opera, la cual Galván espera iniciar pronto. La tercera etapa es su captura”.

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