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De terror y miedo

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Polémica por la mansión de “El Teo”


Otros tienen temor de un ajuste de cuentas

A casi 2 años de haber sido confiscada por la SIEDO, de estar completamente abandonada y en franco deterioro, un grupo de vecinos del Fraccionamiento Fidepaz de  La Paz pretenden, a través de una donación, adjudicarse la casa del narcotraficante Teodoro García Simental, y convertirla en una guardería, refugio de ancianos o hasta en biblioteca. Sin embargo, extraoficialmente, los agentes de la Policía Estatal Preventiva hablan de que podría convertirse en un “centro de inteligencia” o una oficina de la Policía Federal Preventiva.

Durante el último año de su carrera delictiva, el narcotraficante Teodoro García Simental, ex integrante del Cártel de Los Arellano Félix, y posteriormente del Cártel de Sinaloa, vivió en esa mansión acompañado de su esposa y sus dos hijos.

Ésa fue su última morada, cuando el 12 de enero del 2010 fue capturado por agentes de la Policía Federal Preventiva y la Secretaría de Marina y el Ejército Mexicano, tras un reporte de la Agencia Federal Antidrogas de Estados Unidos (DEA) que confirmó y alertó sobre la presencia del criminal.

García Simental vivía tranquila y plácidamente en el exclusivo Fraccionamiento de Fidepaz en La Paz, en el sexenio del ex gobernador Narciso Agúndez Montaño, era uno de los delincuentes más buscados en México y Estados Unidos, y por quien se ofrecían hasta 30 millones de pesos de recompensa a cualquier persona que proporcionara información que llevara a su detención.

La mansión no tenía ni cámaras de seguridad, mucho menos barda o rejas, lo que exhibía por sí solo el grado de confianza y protección que le brindaban las propias autoridades policiacas de aquel entonces.

Hoy se sabe que la mansión del narcotraficante estuvo prácticamente vigilada de noche y de día por agentes de inteligencia de la DEA. Después de recabar información durante más de 150 días y descubrir todos sus nexos y red de complicidades tejidas en la administración pasada, las autoridades determinaron detenerlo y llevarlo a prisión.

Un día anterior a ser detenido, “El Teo” había celebrado la fiesta de cumpleaños de su hija Jazmín, y donde al momento de su detención, todavía se encontraron restos de pastel, botes de jugos, agua y botellas de vino, así como globos.

En el interior, la vivienda derrochaba lujo, pues tiene piso de mármol, acabados de primera, alberca y tres habitaciones en la parte alta, y en la planta baja cuenta con sala, comedor, un servibar, cocina y hasta una oficina de recepción.

Hoy por hoy la vivienda está siendo ambicionada por un grupo de vecinos del exclusivo fraccionamiento que, según un escrito enviado a la Subprocuradora de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, Patricia Bugaraín Gutiérrez, y firmado por los vecinos Concepción Sánchez Gutiérrez y José María Miramontes a nombre de la Asociación de Colonos de Fidepaz, solicitaron la donación para tratar de adjudicarse el bien inmueble asegurado al conocido narcotraficante.

A nombre de las 450 familias del fraccionamiento de Fidepaz, en el documento los vecinos que suscriben explican  que desean convertir la casa del capo en una biblioteca, guardería o un centro de retiro para personas de la tercera edad.

En la misiva Sánchez y Miramontes dicen que la Asociación de Colonos de Fidepaz fue legalmente constituida el 30 de julio de 1991 y cuenta con su propio reglamento, por lo que  agrupa a alrededor de 450 familias y es –explican– una organización sin fines de lucro que busca mejorar todo el tiempo las condiciones de vida de los agremiados.

Los vecinos dicen que “en caso de recibir la mansión en donación, se haría un excelente uso al inmueble que beneficiará a la comunidad”, aunque no entregan algún plan de manejo o un proyecto en concreto.

No obstante, Concepción Sánchez Gutiérrez y José María Miramontes, la primera asesora parlamentaria del PRD y el segundo un médico internista, concluyen que donarse el inmueble evitaría que la vivienda siga siendo sujeta de vigilancia permanente por parte de la Policía Estatal Preventiva, lo que, de acuerdo con los residentes involucrados en el proyecto, representa un gasto innecesario para el gobierno estatal.

Durante un recorrido por la mansión, ZETA constató que a casi 2 años de haber sido confiscada por la SIEDO y de estar completamente abandonada, la propiedad del también conocido como “El Tres Letras” está en franco deterioro, con maleza por todos lados y llena de polvo en su interior, así como la mayoría de palmeras y árboles decorativos están completamente secos.

La controversia

Sin embargo, durante el recorrido y platicando con los vecinos, quedó claro que no todos están de acuerdo con esta solicitud de donación y tampoco con que se utilice su nombre para hacer una petición de tal magnitud.

Algunos de los vecinos en desacuerdo, mismos que solicitaron a este Semanario no publicar sus nombres, dijeron sentirse temerosos primero porque “no es una vivienda segura, ya que era de un narcotraficante que asesinó a mucha gente y que cualquier grupo rival, todavía podría tratar de ajustar cuentas a la gente que vean dentro, pensando que podría tratarse de familiares”.

Asimismo, comentaron que para intentar obtener una donación, primero ocupan un plan de manejo y un proyecto concreto, obviamente, no se tiene porque las personas que están enviando la solicitud “no tienen ni idea de lo que están haciendo”.

“A mí me invitaron y me preguntaron que si avalaba esa propuesta y me mostraron un escrito, pero yo sinceramente no estoy de acuerdo, porque todos aquí trabajamos y tenemos negocios que atender y no vamos a tener tiempo de andar haciendo gestiones de ese tipo. En dado caso, el gobierno debería de encargarse de eso, si es que se quiere hacer un bien social, porque lo que yo veo es que a la vuelta de los años, no se va hacer nada y luego se van a querer quedar con la casa, y si el gobierno mete mano, entonces cambian las cosas”, dijo uno de los vecinos.

Pero lejos de la polémica que se está generando entre los vecinos del fraccionamiento por la solicitud de donación, algunos de los policías que resguardan la última morada de “El Teo”, comentaron que, de acuerdo con versiones que se han escuchado entre los mandos policiacos, la vivienda podría convertirse en un centro de inteligencia u oficina de la Policía Federal Preventiva o de la propia PGR. Sin embargo, no hay nada concreto y el tiempo sigue pasando.

La mansión

La vivienda incautada al narcotraficante actualmente tiene un precio de mercado de entre 6 y 7 millones de pesos y se encuentra en una exclusiva zona, donde las propiedades derrochan lujo.

El interior de la mansión no desentona con la fachada y el resto de las edificaciones. Alberca al fondo, y de entrada a la casa se aprecia una amplia habitación con mármol en color blanco. Columnas infaltables en las residencias de los narcotraficantes, aquí están ubicadas al lado derecho sobre una pared.

En la misma habitación, pero en otro ángulo, hay espacio para un pequeño bar, y justamente más adelante, existe un espacio para el comedor  principal.

En el ala contraria al comedor, está la cocina. De acuerdo a un agente inmobiliario, tendría un costo de 300 mil pesos. Toditita de mármol con acero inoxidable.

Hasta el fondo está la salida hacia el traspatio, donde se encuentra la piscina y espacio suficiente para camastros para tomar el sol, y más allá está una cantina de patio donde todavía yace abandonada del lado izquierdo una rockola que, de acuerdo a la lista de pagos encontrada en la casa, fue remodelada a un costo de 502 mil 299 pesos, según la cotización que para efectos hizo el negocio denominado “Casa Marché”.

De esta operación, y según la hoja de desglose de gastos que fue encontrada en la casa, Teodoro García Simental, había entregado un anticipo de 325 mil pesos y restaba por pagar 177 mil 299, contra entrega del trabajo. Sin embargo, fue capturado y ya no se supo nada de él.

En el primer piso de la residencia, a un lado de las escalinatas de mármol con pasamanos de hierro y cristal, en el flanco izquierdo, está una pequeña oficina con muebles de caoba totalmente empolvados. Sobre el escritorio principal quedó un maletín con papelería diversa y varios cuadros. Los agentes federales y los de la Armada, al momento de su captura, se llevaron los papeles e imágenes para su estudio y clasificación.

En la segunda planta, quedó una espaciosa sala de entretenimiento para colocar una gigante pantalla de plasma y algunos videojuegos, y hasta un sillón grande. Luego hay tres recámaras. La primera, del lado derecho, perteneció a un niño.

Ya Filiberto Parra Ramos, había declarado a miembros del Ejército Mexicano en Tijuana que conoció al “Teo”, porque le arreglaba los carros, y de vez en cuando, le tocaba jugar con el hijo del criminal, que a la fecha de la detención de “La Perra”, dijo tendría el vástago unos 9 años. Eso fue en 2009.

La habitación del infante en la casa del número 710 de la calle Pezvela en la colonia Fidepaz, fue decorada en tonos rojos y blancos. Así se quedó con ropa colgada para un niño de entre los 10 y los 12 años de edad.

A un lado de esa recámara, otra para infante. Pero en este caso, se ve perteneció a un niña. La cama, los muebles, la decoración, es de muñecas en color azul y morado. Igual el clóset con ropa que perteneció a una infante de entre los 6 y 8 años. Todo indica que su propietaria fue la festejada el día anterior en la casona de “El Teo”.

La última recámara es la principal


Al momento de su captura, la habitación tenía una cama “King size” empotrada en mueble de caoba. Ropa de mujer regada por toda la habitación, incluido el baño. La mujer que es del narcotraficante, dejó atrás también una colección de perfumes de todas marcas. Ropa interior en el piso. Se completa el cuarto con un baño propio y un clóset principal, también un espacio destinado a los zapatos con capacidad para cien pares.

Pintada en tonos verdes y blancos, en la recámara donde dormía Teodoro García Simental al momento de ser descubierto por las fuerzas federales, fueron encontrados fotografías, documentos y periódicos de Baja California. Las fotografías fueron tomadas por la autoridad, y algunos de los papeles fueron olvidados. Los medios quedaron estrujados en el piso. Evidentemente “El Teo” vivía en La Paz, pero su interés estaba en Tijuana.

Información recabada por ZETA expuso que la vivienda fue adquirida por el mafioso a través de un prestanombres, que Diego Raymundo Guerrero Gómez “El Ray”, con quien de hecho fue detenido, habría estado involucrado en la transacción comercial de cinco millones de pesos. Lo cual habría dejado a la Agencia Antinarcóticos de los Estados Unidos, una liga para la localización, a través de la adquisición de bienes, de García Simental.

La vivienda fue vendida por personas allegadas a Edgardo Leyva Escandón, quien se encargó de la compra del yate en el que fue capturado Francisco Javier Arellano Félix, en aguas internacionales frente a La Paz.

El exterior la casa donde vivía “El Teo” no contaba con los sofisticados sistemas de seguridad para resguardar a un narcotraficante. Ni cámaras de seguridad, ni barda perimetral. Tampoco guardias, escoltas armados o sensores. La confianza del capo en la impunidad que le fue provista en La Paz, le permitió conservar en lugar de aparatos de seguridad, un enorme jardín de bienvenida con césped y más de diez palmeras de diferentes tamaños.

Aunque en las primeras horas posteriores a la aprehensión de Teodoro García Simental, la casa fue resguardada por elementos de la Policía Federal, dos días después ésta lucía sola. Abandonada. Ni siquiera le fueron puestos sellos de aseguramiento. Menos cintas amarillas para proteger el perímetro a curiosos, vecinos y familiares del mafioso, lo que desató un saqueo que obligó a la autoridad a resguardar la mansión, hasta que la solicitud se formalizó a través de la SIEDO.

El último refugio del narcotraficante hoy es motivo de polémica y debate entre los vecinos del residencial Fidepaz.