Atacan al “VIRUS” enferman los ÁNTRAX

Siempre han gravitado sobre Culiacán las sombras de la guerra. Desde hace casi cuatro años, cuando pasó a convertirse en una de las ciudades más violentas del mundo, con índices de homicidios en México solo superados por Ciudad Juárez, Chihuahua, la capital de Sinaloa vive en la zozobra constante, con ritmos de vida esquizofrénicos y encierros familiares involuntarios. Las calles se han dejado a los sicarios. A unos y otros y su guerra demente. Ahora las bajas más notables son de los Ántrax.

Fue en la colonia Guadalupe Victoria, Culiacán, Sinaloa, México… una zona infestada de gatilleros del cártel de Sinaloa.

Apenas pasaba el mediodía cuando el Passat blindado entró por la calle Fray Gerónimo de Mendieta. Dio vuelta por la calle Abelardo L. Medina, con rumbo norte y justo a unos metros se encontraba un grupo de jóvenes platicando. Placas sobrepuestas VLU-9513 de Sinaloa, color blanco. Cuando el auto se detuvo ya se estaban abriendo sus cuatro puertas vomitando hombres armados que empezaron a disparar. Los jóvenes corrieron en estampida, pero todos, salvo uno, fueron acribillados.

Se escucharon primero dos ráfagas de AK-47. Luego varios disparos de pistola de diferentes calibres. Ataque y defensa. Luego una o dos ráfagas más. Fueron segundos de polvo y pólvora. Uno de los atacantes no alcanzó a salir del auto y quedó con un pie en el estribo. Traía una pechera, caída de su mano, una funda con su cargador. Uno de los jóvenes, en la defensa, lo había eliminado.

Los mirones se escondieron desde los primeros disparos. El sobreviviente, que desde esa mañana trascendió, le dicen el Mele, se escondió y pidió ayuda. Cuando solo quedaron los cuerpos tendidos sobre el pedregal, los curiosos empezaron a asomarse. Pero volvieron a sus escondites. Hombres a bordo de vehículos blindados llegaron por el Mele, que había quedado herido. Ya que se retiraron y despejada la polvareda, volvieron a salir de sus cuevas para contar los muertos. Había cuatro hombres tirados, uno en la acera poniente, al frente de una camioneta Frontier color rojo y tres a diferente distancia por el lado contrario.

A unos cuatro metros, por la calle Agustín Yáñez se paseaba despacio una camioneta Equinox color blanco. Iba y venía, midiendo el terreno, hasta que entró a la calle Abelardo L. Medina y se acercó al Passat. Dos hombres con fachada de pistoleros se bajaron. Uno de ellos, pistola en mano, se acercó para confirmar que el hombre que había quedado en la parte trasera del auto estuviera muerto. Se asomó con la pistola apuntándole y dijo: “Está bien muerto”. Su compañero, con un Nextel en la mano a la altura de la barbilla, comunicaba: “Falta uno, falta uno”.

En eso apareció en sentido contrario a ellos una patrulla de la Policía Municipal, de donde se bajó la comandante Martha Ávila. Al retirarse los hombres, pasaron por un lado de los agentes, se detuvieron e intercambiaron algunas palabras con ellos, diez, quince segundos. Luego desaparecieron.

Luego los policías procedieron a proteger el lugar “de los intrusos”, con intimidante cinta amarilla. Un anciano que se trasladaba en una bicicleta fue reprimido con furia por la comandante. “Voy a mi casa —le dijo él—, siempre paso por aquí”. “¡Por aquí no pasa nadie, retírese!”, le espetó amenazante, enfundada en un impecable uniforme azul.

Minutos después la zona se llenó de decenas de patrullas municipales, ministeriales, militares. Todos ahí, resguardando muertos y vehículos abandonados, en una película miles de veces vista en Sinaloa en los últimos años.

A dos cuadras del lugar, por la calle Jaime Torres Bodet, una camioneta Sierra, matrícula UB-00860 de Sinaloa, fue abandonada por los sicarios. Se encontró en el vehículo equipo táctico y cargadores de distintos calibres. Y allá también otro puñado de agentes y patrullas.

—¿Y quién está buscando a los gatilleros? —Preguntó Ríodoce a un oficial encapuchado.
—Nadie, compa, esos ya están bien encuevados —respondió con cierto enfado.

Un soldado que auxiliaba en el resguardo del lugar sin mover un músculo, solo miró de reojo, el rostro impávido.

Enferman los Ántrax

Desde los primeros reportes captados por los reporteros de las propias comunicaciones de la Policía, se especuló que los jóvenes agredidos, por lo menos algunos, pertenecían al grupo conocido en Culiacán como Los Ántrax, que, de acuerdo con información difundida por ellos mismos a través de las redes sociales, trabajan para el cártel de Sinaloa.

Luego la especulación se convirtió en certeza. Por el C-4 se manejaron los primeros nombres y apodos. “Adrián Antonio Núñez Gonzalez”, se decía. “El Roque”, se escuchaba. Y muy vagamente, un tal Mele. El Roque, empezó a decirse de boca en boca, era uno de los hombres más cercanos a Rodrigo Aréchiga Gamboa, conocido en el bajo mundo como el Chino Ántrax.

Nadie, oficialmente, confirmó la pertenencia criminal de los hombres asesinados, ni tampoco el grupo o cártel que perpetró el ataque. Mutis total en la Procuraduría de Justicia, solo encontraron antecedentes delincuenciales en uno de ellos, César Daniel Limón Amézquita, quien fue elemento de la Policía de 1989 a 1991 y tenía registros penales por robo. De ninguno de ellos se dio a conocer apodo “porque no fueron proporcionados por las familias… solo los nombres”, dijo una fuente de la PGJE.

Los otros que murieron fueron identificados como Ricardo Ontiveros Edeza, de 34 años de edad, Adrián Antonio Núñez González, de 27, Jesús Antonio Mendoza Vaal, de 24 y José de Jesús Sánchez Vidrio, de 27.

Limón Amézquita fue el hombre que quedó muerto en el Passat.

Polvos de la misma tierra

La baja más reciente de Los Ántrax, al menos de un prominente miembro de este grupo, es el de Francisco el Pancho Arce, asesinado la noche del lunes 31 de octubre en el Deportivo Jimmy Ruiz de la colonia Emiliano Zapata, cuando participaba en la final de una liga local de futbol.

Según la información de la Policía Ministerial, esa noche, poco después de las 22:16 horas, se disputaba la final de un torneo cuando al centro deportivo, ubicado por las calles José Vasconcelos y Fray Andrés Tello, ingresó un comando. Todos iban encapuchados.

Los hombres armados, después de ordenar a todos los presentes tirarse al suelo, acribillaron a Arce Rubio, delantero del equipo. El cuerpo quedó boca arriba en una esquina de la cancha.

Enseguida los fusiles apuntaron a Sergio Barajas Cháidez, quien cayó muerto a mitad del terreno de juego, cuando presuntamente trataba de escapar. Testigos informaron a la Policía que Barajas había estado en la banca durante el partido. Era el entrenador y hombre de confianza de Arce Rubio.

Los dos fueron sepultados en medio de aparatosos operativos armados, con ráfagas de cuernos y música de banda, mientras la policía y el Ejército Mexicano solo cuidaban que no hubiera “incidentes”. Uno, Pancho, el jefe, en Jardines del Humaya, y el otro en el panteón San Martín.

Era de dominio público, porque él mismo se encargó de divulgarlo, que Arce Rubio pertenecía a Los Ántrax. Tenía su cuenta en Facebook y su corrido, fotografías y lista de amigos.

Igual que ahora Adrián Antonio Núñez, el Roque, quien dejó huellas en la red con fotografías, corridos y videos, orgulloso miembro del “virus”, aunque la Procuraduría General de Justicia del Estado no mencione siquiera la existencia de este grupo.

Episodio oscuro

El primer golpe espectacular que sufrieron Los Ántrax se los propinó no un grupo rival, ni provino de ajustes internos, sino el Ejército mexicano, en hechos turbios que ocurrieron el 26 de mayo del 2011.

Fue cuando elementos del Ejército torturaron y mataron a Jesús Humberto Corona Guillén, el Chuve, Pedro Valenzuela Meza, el Pedrón, y a Franklin Olguín Velázquez, el Frankie.

Fotografías de todos ellos aparecieron en cuentas de Facebook y Metros, algunos de ellos, como el Frankie, armados con un AR-15 dorado en compañía de otros personajes, entre ellos Manuel Torres Félix, el Ondeado.

Nunca aclararon públicamente el Ejército ni la Procuraduría de Justicia los pormenores del hecho, pero los exámenes forenses, a los que Ríodoce tuvo acceso, dictaminaron que los tres recibieron golpes y torturas antes de ser ultimados a balazos con armas reglamentarias del Ejército, a pesar de que la versión oficial de la Sedena fue que “murieron abatidos en enfrentamiento” al sur de la ciudad, en un predio cerca de la carretera México-15.

Una imagen inconcebible captada en el lugar lo decía todo: el Pedrón tirado en el suelo y a su lado un descontinuado riflito .22 para cazar palomas.

Después de la calma, semana negra

La pesadilla de la semana pasada empezó la madrugada del miércoles, cuando la Policía encontró los cuerpos de tres jóvenes que horas previas habían sido levantados. El hallazgo fue a las 3:00 horas en la colonia Valles del Sol. Los jóvenes habían sido torturados y luego ejecutados con pistolas matapolicías a un costado del canal 7, cerca de la carretera Culiacán-Eldorado. Sus nombres: Cristian Adrián Báez, Julián Báez Vega y Miguel Ángel Cisneros, todos con edades alrededor de los 20 años.

Horas más tarde, a las 7:30 horas, el cuerpo de otro hombre, de entre 25 y 30 años, fue encontrado por el libramiento Benito Juárez La Costerita. Fue asesinado con una arma del mismo tipo.

Parecía una jornada normal en una de las ciudades más violentas del mundo. Pero pasaditas las 12 del día las alarmas se volvieron a escuchar. Por la colonia Guadalupe Victoria hay una balacera. El saldo: cinco hombres asesinados. Eran ántrax, se dijo. Luego se conocerían los detalles. Policías y periodistas estaban en el lugar cuando se reportó un ataque a balazos contra una pareja en la colonia Rubén Jaramillo. Un hombre atacó con un rifle AR-15 a Rocío Flores Gastélum, de 34 años, y a César Flores Torres, de 36.

Y el sol apenas empezaba a caer cuando se reportaron dos hombres muerto más, ahora en la sindicatura de Sanalona. Los ubicaron alrededor de las 15:30 horas.

Eso fue el miércoles 22. El jueves la violencia cimbró de nuevo la ciudad, cuando un comando asesinó al coordinador operativo de la Policía Ministerial del Estado y un hermano.

José Luis Ibarra Velázquez y su hermano Blas acababan de salir de unos consultorios cercanos a la calle Ramón Corona, muy cerca del diario Noroeste, cuando fueron atacados por un comando.

El comandante Lince cayó en el acto y su hermano quiso escapar pero solo avanzó unos metros para quedar tirado en el asfalto de un estacionamiento donde habían dejado su vehículo. Había oscurecido apenas.

Agentes municipales informaron a la prensa que a pesar de que pidieron ayuda, ninguno de los comandantes de la Dirección de la Policía Municipal se presentó al lugar.

Un poco más tarde, alrededor de las 21:00 horas, tres agentes de la Policía Municipal fueron víctimas de un ataque a balazos cuando patrullaban por la colonia Antonio Nakayama en la unidad número 1990 de la Secretaria de Seguridad Pública Municipal. Fueron heridos los oficiales Ramón Félix y Trinidad Rubio. Los hechos fueron, sobre la avenida Hilario Medina, esquina con bulevar de Las Torres.

Reacciona el Gobierno

Los hechos violentos que han tenido lugar, como el asesinato del comandante Lince de la Policía Ministerial y el ataque a dos policías municipales en Culiacán, son a causa de las acciones de las autoridades para combatir al crimen organizado, afirmó Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, director de la Policía Ministerial.

“No puede ser otra cosa. Hemos detenido a mucha gente peligrosa, hemos asegurado armamento y vehículos robados. Hemos detenido a secuestradores peligrosos que antes hacían lo que ellos querían y ahora ya no”, aseveró.

El jefe policiaco indicó que los delincuentes no quieren dar su brazo a torcer y por mucho tiempo han gozado en la impunidad, pero “nosotros no vamos a doblar las manos ni nos van a intimidar tampoco.

“Vamos a tener más atención con nuestros comandantes, más precauciones por este tipo de hechos. Sabemos desde el momento en que estamos trabajando los riesgos que corremos, pero vamos a seguir adelante”, manifestó.

Por otro lado, ante la queja de algunos agentes de la Policía Municipal que resguardaban la zona donde el comandante Lince cayó abatido la tarde del pasado jueves, Alfonso Carlos Ontiveros Salas, secretario de Seguridad Pública Municipal, manifestó que los agentes encargados de la vigilancia en el sector Centro cumplieron con sus funciones en tiempo y forma, pero el tráfico a la hora de los hechos les impidió atrapar a los responsables.

“Uno de los factores por los que no se dio con los responsables del atentado fue el tráfico, a esa hora es muy intenso, y otro el hecho de que, por la naturaleza de los hechos, no sabemos si había más gente esperando además de quienes perpetraron el asesinato, pero los agentes cumplieron con su deber”, indicó.

Sobre el mismo tema, el gobernador Mario López Valdez informó que se reforzará la vigilancia con una mayor presencia de elementos del Ejército en la entidad. La declaración del mandatario es reforzada con la decisión de la Secretaría de la Defensa Nacional consistente en enviar a Sinaloa tropas destacamentadas en Chiapas.

“Estamos enfrentando el reto y cumpliremos con nuestro compromiso de darle seguridad a la población. No estamos renunciando al compromiso que tenemos”, reiteró el mandatario estatal.

López Valdez manifestó que la delincuencia organizada pretende presionar a los gobiernos federal y estatal para que se retire a la Policía Estatal y a la Ministerial de Navolato y que se suspenda la operación del Grupo Élite de las acciones que realiza, porque cada vez están más acotados en su operatividad.

Por su parte, el alcalde Aarón Rivas Loaiza pidió a los delincuentes que han cometido actos de violencia durante los últimos días que “se vayan de la ciudad”.

Ante los 15 homicidios que se registraron durante el miércoles y el jueves, el presidente municipal informó que el titular de la SSP municipal está sosteniendo reuniones con el procurador general de Justicia, Marco Antonio Higuera Gómez, para redefinir la estrategia de seguridad que hasta el momento se tenía en Culiacán.

Los Ántrax en sus corridos…

Pancho Arce

Entre pancho y pancho se hace un alboroto
pero este pancho no ocupa de otro
dice el joven yo solito les atoro
me gustó esta vida me aguanto y ni modo

Roque:

Antes de eso había balazos
contra un joven disparaban
no traía carro blindado
ni gente que lo apoyara
eran 15 contra un hombre
que solo traía una escuadra
quisieron matar al Roke
Comandante de Los Ántrax

Frankie:

Si hace frío me protejo
y aunque esté caliente salgo
si algún día he de morir
para qué me cuido tanto
si por nombre llevo Frankie
para qué la hago de pancho.

Chuve:

Los corridos son pa’hombres
y el nombre se le reserva
entre lluvia de metrallas
el valiente se respeta
Vicente trae de esa gente
para estar firme en la meta

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