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De terror y miedo

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Enrique Plancarte, el capo invisible que dirige a los Templarios

Al Kike, segundo al mando en la estructura de Los Caballeros Templarios, pocos lo buscan. Pese a su religiosa peligrosidad, la PGR no lo ha colocado entre los diez más buscados. Y mientras la autoridad decide si es digno de ser cazado, Michoacán arde en una espiral de violencia.

Cuando eran un solo cártel, Enrique Plancarte Solís se mantuvo como uno de los cinco lugartenientes clave en la estructura de la Familia Michoacana.

Esperó su ascenso. Tranquilo. Sabía que tendría el liderato de alguna estructura del crimen organizado. Y esa oportunidad llegó en el mes de enero del 2011, cuando a la Familia Michoacana le creció un grupo rebelde que apostó por su independencia tras la muerte del líder Nazario Moreno González, alias “El más loco” o “El Chayo”, supuestamente asesinado en diciembre del 2010.

Junto a Servando Gómez Martínez, alias “La Tuta”, Enrique Plancarte comparte el liderazgo de esa escisión armada, un grupo delictivo conocido como Los Caballeros Templarios, a quienes se les atribuye que Michoacán haya bajado hasta los infiernos de la violencia.

Pese a su sadismo, una mezcla de narcocristianismo con mesianismo, “El Kike” –como lo apodan– no se encuentra entre los diez narcotraficantes más buscados por la Procuraduría General de la República (PGR), donde sí está, en la tercera posición, La Tuta, sólo detrás de Joaquín “El Chapo” Guzmán y Héctor Beltrán Leyva, “El H”.

Después de Servando Gómez, la PGR presenta en la lista de los más buscados a capos como Omar Treviño Morales, el “Z-42”; Ismael “El Mayo” Zambada; Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, y Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy”, por cada uno de los cuales ofrecen 30 millones de pesos de recompensa.

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Enrique Plancarte nació el 14 de septiembre de 1970, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. En el municipio de Nueva Italia, Michoacán, nació, mantuvo su residencia y administró un negocio de materiales de construcción desde donde ayudaba a administrar los negocios de El más loco.

En 2009, el gobierno estadounidense mostró una fotografía de El Kike que refleja a un hombre de tez blanca, cabello corto y prominente cuerpo, además de un bigote y una barba de candado perfectamente delineada.

Es conocido como un hombre despiadado en la zona de Tierra Caliente, Michoacán: pese a su religiosidad, no tiene empacho en matar, torturar y decapitar a sus enemigos, entre los cuales siente particular desprecio por Los Zetas.

A estos últimos los considera enemigos de Dios y los ejecuta con saña porque considera que son un cáncer para la sociedad. Para él, la gente “de la última letra” mata niños, mujeres e inocentes con tal de intensificar su propaganda del terror, así que deben esperar la más cruel de las muertes en aras de la “justicia divina”.

Es un férreo convencido de que la voluntad de Dios se hace a través de las armas que empuñan los Caballeros Templarios que dirige, y que sólo mueren quienes deben hacerlo. Una muerte inocente  en sus manos es imposible porque El Cielo lo guía.

Aunque predica un evangelio de supuesta paz, en octubre de 2012, personal de la Secretaría de la Defensa Nacional aseguró el rancho Los Caballos en Apaztingán, Michoacán, presuntamente propiedad de Enrique Plancarte. En él, además de reiteradas figuras religiosas, los soldados encontraron 110 granadas, 19 armas largas, 15 armas cortas, un lanzacohetes, 13 kilos de marihuana, 600 gramos de cristal y 80 gramos de cocaína.

Además, cinco espadas… el arma que Los Caballeros Templarios emplean como señal de su cruzada.

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Durante la segunda semana de julio de 2013, antes de que explotara la violencia en la Tierra Caliente de Michoacán, la página de Facebook “Valor por Michoacán” difundió un comunicado de los pobladores del municipio de Nueva Italia, mediante el cual pedían a las autoridades investigar la salida de recursos económicos que la síndico de la Presidencia Municipal, Teresa Bustos Valencia, realizó a su hermana Nereyda Bustos Valencia, “siendo ésta la esposa de Enrique Plancarte Solís”.

Según el comunicado, el programa de mejoramiento del municipio recibe materiales de construcción que son descargados en la bodega del negocio “Materiales del Río”, propiedad de la familia Plancarte. “Todo el cemento que llegó lo utilizaron en arreglar la calle donde la esposa de El Kike está construyendo su hogar, a costa de los recursos del pueblo”.

Y agregan: “También investiguen al jefe de plaza de Nueva Italia, apodado “El Curita”, quien cuando está bajo los efectos de las drogas presume cosas como ‘Mi jefe es Enrique Plancarte y yo levanto y decapito a quien se me dé la gana’”.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos también identifica a Enrique Plancarte Solís bajo el alias de “La Chiva” y la PGR le acredita el seudónimo de “El Kikín”.

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Como sucede con otros líderes de los cárteles de la droga, El Kike Plancarte también pidió sus narcocorridos. El compuesto por la banda Los de la A, dice así:

De las tierras michoacanas, de allá les traigo el corrido

Se lo compuse a un señor, también de mucho valor

Carga su arma fajada, por si da la situación

La gente lo ha tratado bien,

Será un ángel o un demonio, las mujeres las tratan bien.

[…]

Lo que de niño deseó, con los sueños superó

“La vida es para gozarla yo nunca digo que no, hay que trabajarle también”

Se le empiece desde abajo para empezar a aprender, es el jefe de un cártel.

“Mi nombre ya lo conocen también me dicen El Kike,

Plancarte mi apelativo no se asusten ni se espanten.

Voy con rumbo pa’ La Piedra, en Michoacán queda ella,

Vamos pero en caravana,

una Barret [rifle de alto poder] me acompaña por si algo no sale muy bien.

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Con la muerte del vicealmirante Carlos Miguel Salazar Ramonet, las autoridades federales afirmaron que atraparán “a los líderes de los Caballeros Templarios”. No dieron nombres pero el más visibles de los líderes es La Tuta, él es el primer objetivo claro que deben abatir o atrapar los elementos de Ejército Mexicano, la Marina y la Policía Federal.

Pero junto a él está El Kike Plancarte, el nuevo capo de la droga que muchos no quieren ver.

Mientras tanto, Michoacán sigue bajando, en espiral, hasta los infiernos de la violencia.